La aprobación más importante

En un mundo de probaciones, duramente marcado por la inversión de valores sociales, tentar proceder correctamente puede ser un proceso doloroso. El joven que no va a determinados lugares que considera inadecuados a su formación moral es “punido” con la exclusión de la turma a que tanto le gustaría pertenecer. El trabajador honesto ve colegas aduladores siendo promovidos en su lugar. Y la lista de ese tipo de situaciones es infinita.
Por eso, muchas personas enfrentan un complejo dilema: hacen determinadas cosas y frecuentan determinados lugares, no porque les gusten o crean que sea correcto, pero a fin de obtener la aprobación de las demás y no se quedaren solas o despreciadas.
Si ese es su caso, pensemos juntos: ¿de quién es la aprobación necesaria de verdad? ¿Lo que le va a traer sueño tranquilo, ser acepto en la turma del colegio o su conciencia leve? ¿Lo que va a ser mejor a tu futuro, un comportamiento correcto o la manera como tendría de comportarse para ser considerado “normal” o “popular”?
Cuando llegue la tentación de hacer algo – honesto o no – sólo para sentirse incluso, acuérdese de que la única aprobación que debemos buscar es la de Dios. Es nuestro deber cristiano respetar las escojas ajenas, considerando que cada uno sigue su propio camino, pero para eso no necesitamos imitar a los otros.
Problemas en la escuela o en el trabajo son transitorios; nuestras conquistas espirituales no. Ellas son perennes, y nos acompañarán hasta la Verdadera Vida. Cualquier que sea la dificultad, no desanime, y siga actuando en el Bien: Dios le apoya y protege. No tenga miedo.
“Entrad por la puerta estrecha, porque la puerta de la perdición es ancha, y el camino que a ella conduce es espacioso, y hay muchos que entran por ella. ¡Cómo es pequeña la puerta de la vida! ¡Cómo es angosto el camino que a ella conduce! ¡Y cuán pocos son los que la encuentran! (San Mateo, cap. VII, v. 13 y 14).”
¡Hasta luego! ¡Una bendita semana para todos!
Euzébia Noleto

















